Con un puñado de firmas

Con un puñado de firmas

En los tiempos que vivimos, y aunque puede que sea la época en que más países del mundo podríamos conocer con seguridad, muchos seguimos valorando por encima de todo, el mundo de posibilidades que se abre ante nosotros con solo hacer un click.

Podemos pedir ropa, comida, electrodomésticos, entradas a espectáculos, solicitar documentos, realizar gestiones, estar en contacto con familiares y amigos, ver cine, leer…incluso reivindicarnos. ¿O no?

Es habitual encontrar infinidad de campañas en la red que solicitan nuestro apoyo, a modo de “firma”, para poder apoyar sus quejas. Reconozco que llevada por la indignación del momento yo misma he firmado unas cuantas con la esperanza de que sirviera para algo, pero sin la certeza de que fuera a ser así.

Todos conocemos distintas plataformas que, se supone, apoyan peticiones de usuarios de a pie contra alguna injusticia. Este tipo de plataformas funcionan porque, aunque pensemos lo contrario los españoles sí que nos movilizamos cuando algo nos indigna, y estas plataformas se han convertido en el espejo de la indignación española a tiempo real. Surge un problema y detrás una petición que pide ser apoyada con tu firma.

Pero, ¿tiene validez real?

Las recogidas de firmas, que solían hacerse en las llamadas “hojas de firmas” y que pretendían solicitar cualquier cosa a la autoridad administrativa pertinente, sigue siendo una actividad frecuente, sobre todo entre colectivos como los animalistas.

Efectivamente, según nos informan desde Tuappabogado, la recogida de firmas es un mecanismo previsto en nuestro ordenamiento jurídico para que los ciudadanos, en lo que se denomina “Iniciativa legislativa popular”, recogida en la Ley Orgánica 3/1984, puedan, en el mejor de los casos, “obligar” al Congreso de los Diputados (o a sus Parlamentos autonómicos) a tomar en consideración lo que proponen, lo que no quiere decir que tengan que aprobarlo necesariamente. Pero tales iniciativas deben cumplir una serie de condicionantes y requisitos tan complejos que en la historia de la democracia española el número de las que han salido adelante es casi anecdótico. Por lo tanto, podemos atribuirles más que un valor legal, un valor moral, que puede acompañar la propuesta, haciendo que algún partido quiera representarla en nuestro nombre.

Con las plataformas digitales ocurre lo mismo, con la dificultad añadida de que en muchas de ellas se firma con un correo electrónico, con el que no es posible relacionar tus datos personales, ni saber si realmente ha partido de ti esa acción…

Para que estas campañas tuvieran validez legal deberíamos introducir nuestro DNI, un dato fundamental para que nuestra firma sea válida, que podría hacerse haciendo valer nuestro DNI electrónico. Además, deberían establecer unos campos que pudiéramos rellenar con nuestro nombre y apellidos. Por último, deberían restringir los registros por dirección IP y navegador

Entonces, ¿por qué se atribuyen victorias?

La mayoría de campañas que han salido adelante, además de la recogida de firmas, tienen mucho trabajo detrás. En las plataformas te ayudan con la redacción y te aconsejan añadir una imagen poderosa para atraer la atención de los demás usuarios, te aconsejan ahondar en el problema para poder conectar con más usuarios y te aconsejan hacer ruido mediático.

Pero todo eso, sin la dedicación de la persona que empezó con la petición, no sirve de casi nada.

El caso de Elena Alfaro, en el que solicitaba a la administración la creación de un banco de libros escolares para que ningún niño sufriera la falta de material escolar, se hizo realidad dieciséis meses después de publicarla, concretando en la LOMCE que el Gobierno y las autonomías debían establecer un sistema de préstamo gratuito de libros.

Su victoria no es fruto de la recogida de firmas, ni de viralizar su petición. Una vez publicada, Elena lo que hizo fue elaborar un borrador de Proposición No de Ley (PNL), a pesar de que no era abogada, sino arquitecta, y lo envió a todos los miembros de la Comisión de Educación del Congreso. Sabía que para conseguir su objetivo era necesario que todas las fuerzas políticas estuvieran de acuerdo. Finalmente fue UpyD quien decidió registrar la propuesta de Elena en las Cortes, junto con las 270.000 firmas que hasta ese momento había recogido con su campaña.

Los activistas que dedican mucho de su esfuerzo a sacar adelante este tipo de peticiones están de acuerdo en que para que una campaña triunfe debe contener un mensaje claro, dirigirse a la persona que tenga la capacidad de resolver el problema o satisfacer la petición, involucrar a los medios de comunicación y aprovechar que existen grupos de la oposición que a veces son proclives a la iniciativa y te pueden dar más fuerza.