
Personaje poco conocido en España pero un auténtico genio, sin ningún género de dudas. Hombre carismático y capaz de conseguir que la gente acuda a presenciar sus partidas o quedarse pegadas delante del televisor durante horas para contemplar sus exhibiciones.
Porque Ronnie no juega al snooker. Ronnie lo entiende a su manera, lo cual le convierte en el mejor jugador de ataque del mundo, pero cuando de defender se trata, el británico rara vez se toma en serio la competición y aquello le cuesta partidas y partidas. Pero eso a él le da igual.
Él es un genio y lo sabe. Por eso el público le quiere y poco importa que consiga más o menos campeonatos. Su palmares ya es de por sí bastante amplio.
Ayer Ronnie resultó apabullado en la final del World Open celebrado en Glasgow frente al actual número uno del mundo, el australiano Neil Robertson. El resultado final fue 5-1 en un formato de competición un tanto peculiar que ha limitado el torneo a partidas al mejor de cinco frames y tan solo en la final se amplió al mejor de nueve. La realidad es que a O´Sullivan apenas se le vio en la final porque Robertson jugó una partida perfecta sin errores de bulto, mientras que su oponente tan sólo incurrió en dos, pero realmente aparatosos. Como no podía ser de otra forma tratándose de Ronnie.
Sin embargo, el hecho de perder la final resultó anecdótico. Lo realmente importante de este campeonato ocurrió en el enfrentamiento de cuartos de final entre Ronnie y King, porque el primero de ellos logró su décimo máximo (147 puntos) en su carrera deportiva. Se convierte de esta manera en el primer jugador de la historia en conseguirlo y pasa por ello (y por tantas otras cosas) al olimpo de los dioses de este deporte, sentado junto al gran Stephen Hendry.
Recomiendo el visionado de ese 147 porque es espectacular. Primero de todo, porque lo logra en un visto y no visto, sin apenas pensar ninguna de las bolas. En segundo lugar, porque sus emplazamientos no resultaron brillantes, incluso algunos de ellos se pueden considerar como realmente malos, pero solventó cada uno de ellos a base de genialidades. Y en tercer lugar por la naturaleza con que asume lo que acaba de lograr. Antes de embocar la bola negra por última vez ya da la mano a su rival e incluso mantiene una pequeña conversación en tono de broma con el árbitro.
Ronnie O´Sullivan, genio y figura.






